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Doñana, un parque en seco

Miguel Delibes de Castro, naturalista y director durante 12 años de la Estación Biológica de Doñana, dice que el hombre es una catástrofe para todos los demás seres vivos. Tal vez esa afirmación parezca antinatural, pero es tan simple que puede ser la explicación de la delicada condición actual de un lugar que se considera el humedal más importante de Europa. Doñana, entre otras amenazas a las que se enfrentan sus decenas de miles de hectáreas de tierra, se está secando lenta e inexplicablemente.

El parque es completamente dependiente del agua y cada año el acuífero se vuelve más seco. Esta es una tendencia desastrosa para las marismas, las lagunas, la flora y la fauna. Ha sido sobreexplotado hasta tal punto que tardaría entre 30 y 60 años en recuperarse completamente, creando una situación muy difícil para los cientos de miles de aves que llegan de África o del norte de Europa cada año.

Doñana también cuenta con un fantástico bosque y 32 kilómetros de playas donde no hay construcciones, algo casi inédito en España, pero su humedal es la parte más importante.

«Ahora ha llovido durante tres días consecutivos y sé que debe parecer una locura que digamos que se está secando; si lloviera durante tres semanas seguidas, incluso se inundaría, pero el problema no es lo que podemos ver. El acuífero descendió a los niveles más bajos de su historia durante la última gran sequía de 199, y ahora hay partes que están al mismo nivel a pesar de que ha llovido más. Lo peor es que no se ahorra agua para la próxima gran sequía», advierte Juanjo Carmona, portavoz de Doñana en el WWF, una de las organizaciones de conservación de la naturaleza más importantes del mundo.

En la actualidad parece que hay mucha agua, pero es una ilusión. El problema es el nivel freático, el flujo subterráneo que se explota cada vez más.

Muchas personas cerca de Doñana utilizan su agua y más de 1.000 pozos ilegales salpican el paisaje. En la parte occidental, se ha producido un aumento exorbitante de la agricultura.

«En teoría eso debería ser un activo, como en el caso de los olivares o las viñas; son básicos en un espacio natural, pero el riego ha crecido de forma desordenada y desproporcionada, y la agricultura está ocupando espacio público en la montaña», explica Juanjo.

Los cultivos de fresa se están expandiendo desde Huelva y recientemente también lo han hecho los arándanos.

En la parte oriental, en Sevilla, hay arrozales, que contribuyen a la sobreexplotación del acuífero, dice Juanjo Carmona. «La demanda sigue creciendo y ahora, además, quieren volver a abrir Aznalcóllar. Las autoridades dicen que la solución es almacenar más agua para satisfacer toda la demanda, pero el problema es que cuanto más agua haya en el embalse, menos llegará a los pantanos».

Aznalcóllar fue escenario de una catástrofe medioambiental en 1998, cuando se rompió la presa de la cuenca de decantación de la mina. Ahora quiere volver a abrirse, lo que supone una amenaza adicional para el parque, como el proyecto de dragado del río para que barcos más grandes y cruceros puedan navegar por el Guadalquivir hasta el puerto de Sevilla.

Lynx y Mozart

Las consecuencias serían nefastas para muchas especies que se crían aquí, como las gambas y las anchoas, que se alimentan de los sedimentos y se pescan en el golfo de Cádiz. También aumentaría la salinidad, lo que sería muy perjudicial para los arrozales.

«Nadie ha tenido en cuenta el hecho de que estos barcos no pueden maniobrar libremente a lo largo de un río con curvas, por lo que tendría que ser modificado para hacer una especie de canal recto, y eso destruiría el entorno. Y de todos modos, ya tenemos puertos en Cádiz, Huelva, Algeciras y Málaga», dice Juanjo.

Y la gota que colma el vaso, que ha puesto a los ecologistas en la senda de la guerra, es que la empresa Gas Natural quiere crear un depósito de gas debajo de Doñana, una zona clasificada como Parque Nacional y Natural, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, Reserva de la Biosfera, humedal Ramsar de importancia internacional y parte de la Red de la Naturaleza 2000. Esto debería significar que no se puede tocar, y no un lugar en el que se pueda almacenar gas. «Parece que nunca aprendemos», se queja Juanjo, que parece estar de acuerdo con otra cosa que dijo Miguel Delibes, experto en el lince, para ilustrar la importancia de las cosas: «Si un lince se extingue, es como si Mozart hubiera muerto. Nadie muere por falta de Mozart, pero…»

Es como comparar Doñana con el Museo del Prado. Ninguno de los dos es vital para la existencia, pero ambos tienen un valor intangible incalculable.

Doñana debe su nombre a Doña Ana de Silva y Mendoza, hija de la princesa de Éboli y esposa del duque de Medina Sidonia, uno de sus más ilustres habitantes. Sin embargo, tiene una deuda aún mayor con José Antonio Valverde, un zoólogo español que logró convencer a las autoridades de la importancia de preservar esta zona, en lugar de utilizarla para plantar arroz o eucaliptos. Cuando esto no ocurre, como en el caso de Matalascañas, los edificios invaden el terreno. La intervención de este científico fue determinante para que Doñana fuera declarada Parque Nacional en 1969 y Patrimonio de la Humanidad en 1994.

La Unesco envió dos misiones a Doñana, en 2011 y 2015, para pedir a España que proteja el acuífero y la ría, y que garantice que no se drague el Guadalquivir. Más recientemente, la organización ha dejado claro al gobierno español que debe hacerlo antes del 1 de diciembre si no quiere convertirse en el primer estado miembro de la Unión Europea en tener un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad «en peligro».

Muelles más cortos

Al mismo tiempo, la Comisión Europea ha incoado dos procedimientos contra España por mala gestión del agua y por poner el parque en peligro a causa del dragado, y amenaza con llevarlo ante el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas.

El WWF está tan descontento con la situación que organizó un taller con expertos en agua, quienes concluyeron que el estado de conservación de Doñana «es peor de lo que muestran los documentos de planificación de la Administración». También advierte de la necesidad de declarar el acuífero «en peligro» y de establecer objetivos de conservación más claros.

Estas son las máximas prioridades, pero también hay otras, como el cierre de pozos y explotaciones ilegales, el control del uso del agua, la construcción y mantenimiento de estaciones de medición para el control de la entrada y salida de agua de las marismas, la mejora del tratamiento de las aguas vertidas en Doñana y la reducción de la contaminación agrícola.

Además, como señala Juanjo Carmona, sería un gran error ver que una semana de lluvia ha llenado de agua las marismas y pensar que el problema ha terminado: «Doñana se está secando, aunque no lo parezca», insiste.

La solución no es que las aves busquen agua en los arrozales y piscifactorías. «Estamos agradecidos por el apoyo de sus gerentes, pero ese no es el modelo que debemos seguir», explica.

JuanJo vive en el parque, en Hinojos, junto a las marismas, y ve de cerca las amenazas a Doñana. Por eso sabe bien que el problema no está en la superficie, sino en el agua que fluye del subsuelo y que se seca antes cada primavera, dejando muy poco tiempo para que crezcan muchos de los pajaritos que nacen aquí.

Doñana alberga actualmente cuatro variedades de aves en peligro de extinción: la cerceta pardilla, el pato de cabeza blanca -dos de los anatidae más emblemáticos de la fauna española-, el águila imperial española y la gaviota de Audouin.

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