Ahora estamos con la moda de hablar de la experiencia de compra. Y por la lentitud de implementación de innovaciones en el retail de nuestro país a este respecto, así como por las voces expertas que se oyen en los foros profesionales, parecería que muchas recomendaciones sobre estas mejoras en tal experiencia de compra, se hagan recaer en la teatralización del punto de venta. ¿Y no es el producto el principal objetivo de nuestra actividad cotidiana de hacer la compra?
Si eres mujer o eres de los hombres que van a hacer la compra, te propongo realizar un pequeño estudio cuantitativo sobre tu propio comportamiento de compra. ¿Qué cantidad de veces en promedio –para cada viaje de compra (“shopping trip”) al súper o al híper-, te acercas los envases de los productos que compras/no llegas a comprar, hasta casi la altura de la nariz? Y si te falla la vista de cerca como es mi caso, mejor ni las contamos.
Puedes aplicar también la técnica de la observación. Una mirada atenta a tu alrededor durante tu recorrido dentro de la superficie de venta, te confirmará que, en numerosos lineales, las personas que están comprando, manipulan también los envases antes de llevar algún producto hasta dentro de sus carros de compra. Seguro que incluso puedes identificar cuándo miran el estado y limpieza de los envases, o con qué frecuencia leen la letra pequeña, o comparan las fechas de caducidad entre productos iguales, o bien comparan ingredientes/valores nutricionales entre productos similares de una misma marca o entre distintas marcas…
Este es un comportamiento del “shopper” actual que se va extendiendo de forma transversal inter-categorías, y que crece como resultado de varios factores demográficos, de salud y de una nueva sensibilidad emergente.
¿Me enseñas tu producto o sólo es una foto?
Diseños bonitos e impactantes, a todo color y con imagen fotográfica han ido sustituyendo la compra de muchos productos que hasta hace pocos años eran de venta a granel, o se comercializaban en envases trasparentes que mostraban el producto en su interior.
Ahora el envase actúa muchas veces como un auténtico camuflaje del producto. ¿Cuál ha sido el éxito de las tiendas de encurtidos y aceitunas, de frutos secos, de pastelería industrial al peso, de golosinas y “chuches”, las de los congelados a granel, las heladerías con cucuruchos de bolas multicolores (el llamado “scoopy”) o las tarrinas rellenables, de las nuevas franquicias de chocolates y bombones. ¿Alguien puede demostrar que su boom fuera una cuestión de precios bajos?
Nos gusta visualizar e interactuar con el producto, también en el momento de hacer la compra. Con la aparición de envases cada vez más opacos y marketinianos se ha perdido una parte relevante de la experiencia de compra frente a la diferencia del granel, el autoservicio en los productos frescos, o la magia y atractivo que aún conservan los mercados ambulantes. La visualización del producto lo hace atractivo, activa reflejos condicionados -como acuñó Paulov- y nos ayuda a elegir más allá del precio.
Solo a modo de dos ejemplos de aplicación al producto envasado:
1. Mencionaré el éxito de la cadena de tiendas de productos congelados “La Sirena”, que arrasó con su crecimiento hace unos 10 años con un sistema de envasado para pescados y mariscos que era como una doble piel transparente.
2. “Casa Tarradellas” también ha mostrado siempre su producto: cambió el mercado de los patés español con sus envases de vidrio, y años después revolucionó las pizzas hogar lanzando un producto refrigerado y con todos sus ingredientes a la vista bajo el envase de plástico trasparente.
Pónmelo más fácil
Nos preocupamos cada vez más de lo que comemos, según muestran todos los estudios e informes recientes. La fecha de caducidad, los ingredientes son elementos imprescindibles para el comprador actual. Las personas responsables de hacer la compra del hogar, consideran la información nutricional de los productos alimentarios como uno de los elementos a considerar en su elección de compra.
Si bien estamos aún lejos de otros países europeos con una cultura nutricional más avanzada, crece la sensibilidad para un mayor control de los componentes de los alimentos y en los menús elaborados para los distintos miembros del hogar. Sin embargo sigue siendo muy dificultoso consultar todas y cada una de estas informaciones en la mayoría de los envases que encontramos en los lineales de nuestro país.
¿Cuántas vueltas y giros terminas dando a los envases de los 15 o 20 artículos distintos que llevas de media en el carro de compra?
La tendencia del “clean labelling” o “cleaner labelling” reivindica etiquetas claras, pero sobre todo con el objetivo de potenciar productos con menos/sin aditivos, colorantes, alimentos más naturales, etc.
El consumidor post-crisis está más preocupado por las consecuencias de sus decisiones y sus actos. Esto va ligado a los temas de vuelta a la calidad y a lo natural, al valor de la alimentación y los alimentos: los ingredientes, lo sano, el origen de los componentes, etc. Las llamadas “etiquetas limpias” deberán ayudar frente a las dificultades actuales que encontramos para identificar fácil y rápidamente informaciones básicas del producto.
“Envases inteligentes”: sí quiero saber
La tecnología de radiofrecuencia RFID y el chip EPC (Electronic Product Code), que la AECOC -Asociación Española de Codificación Comercial- promueve y desarrolla en España, está siendo fundamental para seguir la trazabilidad del producto envasado, contenedores o palés, a través de toda la cadena de suministro. Actualmente existe mucha producción científica en el ámbito académico que desde distintas disciplinas aborda los temas de la alimentación y la nutrición.
Uno de los que se está investigando es el significado de producto “natural”, dado que estamos en un momento donde la ciudadanía y l@s consumidor@s dan valor a “lo natural”. Pues bien, varios estudios apuntan a la importancia de los procesos y transformaciones que se da a dichos alimentos en la cadena de suministro, como más relevante que a los aditivos y colorantes. Las consumidoras queremos saber de dónde proceden los alimentos, dónde y cómo se han transformado, manipulado y envasado. Mandarinas de España antes que mandarinas de la China.